Llegados al punto de partida, el planteamiento no es tan sencillo. Si se trata de deformar la realidad para buscar el momento en el que empieza a cambiar el sentido de la historia, lo que cuentas tiene que ser suficientemente conocido para que dé juego. De lo contrario, caes en el error de fabular una ficción, de darle la vuelta a una historia poco conocida y con ello se puede perder todo el encanto.
Por eso, en las ucronías, lo principal es que el lector conozca la historia. No vale la originalidad en el punto de partida, sino en el nudo, lo cual tendrá incidencia directa en el desenlace que no tiene porqué ser tan impactante.
Así se lo planteé al editor de Panenka, Aitor Lagunas, cuando convinimos el nacimiento de una ucronía mensual en la revista. Él era más partidario de historias más originales, pero finalmente convinimos que no tendría sentido escribir ucronías sobre historias poco conocidas.
Por eso en el número cero versioné 'Aquella derrota del Barça en Wembley', en el uno convertí en héroe a un tipo como Julio Cardeñosa, que de haber nacido unos cuantos años más tarde hubiera formado parte del exquisito ejército de centrocampistas, al estilo Xavi e Iniesta.
A Julio le cambié la vida en 'Aquel gol de Cardeñosa contra Brasil', un artículo acompañado por una magnífica ilustración de Alex Santaló que aún se supera más en la última, pero para eso tendréis que esperar unos pocos días.