Hasta ahora habíamos recibido comentarios elogiosos, anónimos y nominales, de amigos, conocidos y de saludados. 'Feedback' necesario para alimentar la maquinaría, para validar el proyecto y mejorar en el día a día.
A lo largo de los pocos meses de vida de 'Panenka', hemos recibido el apoyo incondicional de nuestros colegas, quienes han creído en el proyecto tanto como nosotros y nos han ofrecido aliento personal y espacio en sus medios.
Una mañana de verano, en los primeros días del proyecto, comprobamos como 'Panenka' no era un círculo cerrado en sí mismo, sino un producto con más o recorrido. Así nos lo expresó Jordi Puntí.
Jugaba Puntí con la idea de los elementos imprevisibles en el fútbol y cuando estos "se mezclan con la memoria del juego y nuestras ganas de mitificarlo a través de jugadores equipos". Decía que justo en ese momento es cuanto el fútbol se convierte en "un asunto muy literario" y aseguraba que eso es lo que hace Panenka.
"Panenka es un título muy acertado porque refleja una actitud frente al fútbol" nos dijo Puntí, quien calificó certeramente la pena máxima que lanzó Antonín como "un penalti dadá".
"Luego Panenka no ganó nada más. Estas historias marginales, los equipos con mal fario, los futbolistas anecdóticos, trotamundos o rebeldes atraen a los periodistas que escriben en la revista Panenka", o sea a nosotros y deseó "¡Larga vida a Panenka y su atrevimiento!".
La columna de Puntí, que nos ilusionó, paso un poco inadvertida al gran público por la fecha en la que se publicó (23 de julio), pero la que hoy nos dedica Sergi Pàmies en 'La Vanguardia' es de un agradecimiento eterno.
Panenka, como recuerda nuestro editor Aitor Lagunas en el blog de la revista, pesa 365 gramos, pero hoy Antonín ha engordado unos cuantos kilos más.
Aquí está el texto:
Hasta ahora Panenka era el apellido de un checo conocido por arriesgar más allá de la sensatez al lanzar un penalti. A partir de ahora también es el nombre de una revista mensual sobre fútbol (sólo cinco euros). Es un experimento temerario y, en consecuencia, parece condenado a morir joven (y pobre). Por eso conviene comprarla (yo la encontré en la librería La Central) y leer con voracidad retroactiva sus dos primeros números. Panenka ocupa un espacio que, en parte, coincide con el de los periódicos, pero aporta formatos más extensos, temas atemporales, una estética de la memoria incompatible con las urgencias y un gusto iconográfico que ayuda a interrelacionar referencias. Esta suma de virtudes tiene un nombre: cultura.
Pero, con buen criterio, Panenka no abusa de ese intelectualismo que puede transformar el fútbol en una pesadez. Los principios de Panenka son futbolísticos y no renuncian a una visión granangular, que trenza la anécdota, la teoría, el recuerdo y las excentricidades. Esta suma de virtudes tiene un nombre: literatura. Panenka, sin embargo, no cae en la erudición repelente que, a menudo, abre abismos entre la curiosidad y una futbolfilia esnob. Y esta interpretación de los valores literarios se pone al servicio de muchas arcadias individuales (a veces algo anecdóticas y autoreferenciales) pero también de un periodismo deportivo capaz de entrevistar a figuras del pasado, de analizar el nacimiento de la selección de Sudán (espléndido reportaje de Xavier Aldekoa, corresponsal de La Vanguardia) o de diseccionar la dimensión del agente Jorge Mendes, pieza clave para entender la conversión de toda una industria en un laboratorio de experimentación financiera.
Si aplico criterios racionales, llego a la conclusión de que Panenka tiene demasiada chicha para costar sólo cinco euros y de que, igual que otros felices y fugaces experimentos de la cultura, morirá prematuramente. Si aplico criterios sentimentales, en cambio, pienso que se mantendrá gracias al interés de los aficionados por prolongar la experiencia futbolística más allá de los partidos. Pa
Panenka conecta con una sensibilidad que, en otros formatos, nos ha regalado grandes momentos de literatura futbolística: Vladimir Dimitrijevic, Gonzalo Suárez, Juan Villoro, Ramon Besa, Nick Hornby, David Winner, Alex Bellos, Bernard Morlino, Bill Budford, Eduardo Alfredo Sacheri, Franklin Foer, Josep Maria de Sagarra, Péter Esterházy, Enrique Vila-matas, Pino Cacucci, Manuel Vázquez Montalbán, Carlos Drummond de Andrade, Jonathan Wilson, Eduardo Galeano y tantos otros que no me caben porque el espacio del artículo se acaba.



Escribe un comentario