
Cuando la balanza la tenía que decantar Obama, cuando Madrid tenía más cerca su sueño, aparecío el espíritu de Lula para erigirse en el gran triunfador. Los expertos coincidían. Había llegado la hora de Brasil, la hora de Sudamérica. El poder emergente de ese país, hasta hace poco considerado como un país del tercer mundo, debía plasmarse y su elección para los Juegos de 2016 han sido la confirmación.
En cuanto Lula tomó la palabra en Copenhague, muchos adivinaron que Río iba a ser la ciudad elegida. Habló el presidente de la República de Brasil y acabó con un plumazo con la imagen del Río de las favelas, del Río de la inseguridad, del Río sin infraestructuras, sin capacidad hotelera, sin capacidad de organización.
Y lo hizo apelando al corazón. Lula habló en voz alta para reivindicar los Juegos para Sudamérica, para los 400 millones de personas de ese continente que nunca se habían sentido partícipes del movimiento olímpico, y claro, el COI, dispuesto siempre a ampliar las fronteras del espíritu olímpico, de su negocio, ya tenía un motivo más para pensar en Río como su próxima ciudad olímpica.
Más que perder Madrid, intuyo que ha ganado Río. Desconozco si Ruiz Gallardón, el ambicioso alcalde de Madrid seguirá porfiando en el intento es pos del sueño eterno, aunque se ha demostrado que al final, más que deportivas, estas derrotas o estas victorias son geopolíticas.
Intuyo la decepción que sentirán aquellos que pensaban que con Obama, Chicago ya había ganado la votación, pero se ha demostrado que a veces, donde hay muchos marineros, no manda patrón.
Por cierto, este mediodía poco después de que Lula hablará ante la asamblea del COI, recibí un mensaje de correo. Era de una persona que se encontraba en Copenhague y decía: "Lula acaba de ganar la votación con su discurso".
En la evolución de las votaciones ha quedado claro que la eliminación de Chicago en la primera ronda ha sido determinante para la suerte de Río.
En la primera ronda, Madrid ganó con 28 votos, dos más que Río y seis más que Tokio. Chicago se quedó con 18.
En la segunda ronda, esos 18 votos fueron a parar prácticamente a Río, que obtuvo 46, por 29 de Madrid y 20 de Tokio.
En la final, no hubo color: Río, 66 - Madrid, 32.
La foto es de AP






