
Lo poco que pesa y lo mucho que cuesta ganarla. Quince partidos para la gloria y muchas alegrías por el camino. La Champions es una competición muy exigente, que te obliga a estar pendiente de ellas desde mediados de agosto y, con suerte, te llevas la gloria a finales de mayo o te quedas por el camino mucho antes. Todo empezó con un 4-0 ante el Wisla de Cracovia en la fase previa y una derrota en la vuelta. Un paseo triunfal en la liguilla, aunque recuerdo aquella victoria sufrida en Donetsk, el golazo de Leo y el 'Vergonya' de Lucescu. Las goleadas en Basilea -recordáis los goles de Leo y el de Busquets- y en Lisboa. Sólo una derrota, en casa, en el último partido y cuando ya estaba garantizada la primera plaza.
Festival en Octavos ante el Olympique de Lyon de Benzema y de Juninho, aunque en la ida el Barça pasó por malos momentos. En Lyon, Henry salvó al Barça que empató a uno; en la vuelta, uno de los mejores partidos para un concluyente 5-2.
En cuartos, una exhibición frente al Bayern Munich, en el mejor partido de la 'Champions'. 4-0 y un fútbol espectacular. 1-1 en la vuelta. El barcelonismo descubrió en esa eliminatoria a Franck Ribéry, el tipo que tenemos que fichar para ser del todo invencibles el año próximo.
Y llegaron las semifinales y el antipático Chelsea. No tuvo suerte el Barça en la ida, jugada en casa, y empató sin goles frente al ultradefensivo equipo de Guus Hiddink; en la vuelta, todos vimos que ganaríamos la Champions después del golazo de Iniesta en tiempo añadido, 1-1 y para Roma.
Y en la final, pues sufrimos nueve minutos. Fútbol de creación, toque y más toque, clarividencia, juego ofensivo, buen fútbol posicional, un gol de Eto'o y otro de Leo. Un triplete para la historia. Que poco pesa esa Orejona y cuánto cuesta ganarla.
Gracias a Alberto por la histórica foto.